Cuando el Sol pasa por Cáncer, la atención se dirige al hogar, familia, memoria, seguridad y apoyo interno. El ritmo exterior puede parecer demasiado filoso porque las preguntas importantes se vuelven: dónde está mi lugar, quiénes son los míos, qué protege el corazón y qué da pertenencia dentro de la vida.
Este período levanta temas de vivienda, parientes, cuidado, pasado, acuerdos familiares y recuperación emocional. Puede quedar más claro qué vínculos nutren y cuáles se sostienen por deber, miedo o hábito. La luz solar en Cáncer no es ruidosa, pero es muy precisa: muestra dónde hace falta cercanía real.

