Cuando el Sol pasa por Aries, la vida parece exigir el primer paso. Vuelven la franqueza, la emoción, el deseo de empezar sin largas coordinaciones y la necesidad de ponerte a prueba mediante la acción. Es un período de despertar personal: menos paciencia para esperar, más fuego interno, valentía y necesidad de actuar en tu propio nombre.
El foco se desplaza hacia la iniciativa, el cuerpo, la velocidad y las decisiones independientes. Proyectos que no tenían impulso inicial cobran vida, igual que conversaciones donde hacía falta honestidad desde hace tiempo y tareas que requieren determinación. Pero el fuego de Aries se vuelve fácilmente rudeza si una persona confunde fuerza con presión y valentía con ataque.

