Quirón en la duodécima casa lleva a la persona más allá de la percepción ordinaria. Su vida interna puede ser tan brillante que sueños, fantasías, sensaciones sutiles y conexiones invisibles parecen más reales que el mundo exterior. En la infancia esto puede aparecer mediante amigos imaginarios, juegos, libros, internet, mundos secretos y deseo de esconderse de la rudeza de la realidad.
La herida principal se conecta con la sensación de que el mundo no es seguro. La persona puede vivir injusticia, traición, soledad, un encuentro demasiado temprano con el dolor, después del cual empieza a cerrarse. Quiere tener un lugar secreto donde nadie entre: cuarto, oficina, pantalla, práctica espiritual, capullo interno. Pero el aislamiento largo no sana si se vuelve huida de la vida.
