La oposición Venus-Saturno coloca a la persona sobre un eje entre el deseo de amor y el miedo a ser castigada por el placer. Venus quiere alegría, belleza, aceptación, ternura, dinero y vida sensorial. Saturno exige deber, control, límites, madurez, ley y responsabilidad. En oposición, estas fuerzas suelen separarse: la persona quiere relajarse y ser amada, y enseguida se culpa por debilidad, pereza, dependencia o falta de mérito.
El aspecto puede crear un conflicto interno entre trabajo y placer. La persona posterga el descanso porque debe hacerse algo útil; pero cuando empieza a trabajar, puede querer esconderse en pequeños consuelos venusinos. Después del placer llega la culpa; después del trabajo, la sensación de que la vida es demasiado seca. Esto crea un vaivén donde ni el deber ni la alegría dan satisfacción completa.


