La oposición de Plutón y Quirón crea una tensión fuerte entre vulnerabilidad personal y fuerzas externas poderosas. La persona puede sentir que el destino la pone constantemente en contacto con gente, circunstancias o sistemas que prueban su resistencia. En algún lugar interior vive una herida: miedo a ser débil, humillada, usada, rechazada o privada del poder sobre su propia vida. Afuera aparecen situaciones que activan esa herida.
Este aspecto suele dar sensación de una misión especial, pero con ella viene una división interna. La persona puede querer gran influencia, reconocimiento, riqueza, transformación profunda del mundo, y al mismo tiempo dudar de si podrá soportar el precio de ese camino. A veces abandona lo que empezó cuando se acerca al poder real. A veces, al contrario, avanza con demasiada dureza, como si tuviera que probarse a sí misma y a otros que no puede ser quebrada. En ambos casos, detrás de la conducta externa no hay solo ambición, sino también dolor.

