La oposición Mercurio-Quirón crea una división interna entre la necesidad de hablar, saber, comunicarse y el miedo a ser malinterpretado. La mente de la persona puede ser rápida, aguda, inventiva y al mismo tiempo ansiosa y sobrecargada. Recoge datos, versiones, rumores, argumentos, entonaciones ajenas, sentidos ocultos, y a veces ya no sabe dónde termina la realidad y dónde el dolor dibujó una amenaza.
Este aspecto suele traer vulnerabilidad a través de los interlocutores. La persona quiere atención, gente interesante y un entorno intelectual, pero las conversaciones mismas pueden volverse fuente de tensión. Alguien interrumpió, miró de forma extraña, se rió, dudó, hizo una pregunta aclaratoria, y sube una vieja ansiedad: ahora me van a exponer, ridiculizar, rechazar, callar. Si en el pasado hubo defecto del habla, fracaso público, burlas escolares o crítica dura, la oposición puede devolver una y otra vez el miedo a que se repita.

