La Luna llena ocurre cuando la Luna se coloca frente al Sol: sentimiento y voluntad se miran sin medias tintas. Lo que maduraba en silencio se vuelve visible a través de una emoción, conversación, evento o reacción corporal. Es un punto de claridad, no un veredicto ni una razón para dramatizar.
Durante este período aumenta la luz interna: se vuelve más claro dónde el deseo difiere de la necesidad, dónde una persona está cansada de aguantar y dónde un vínculo pide una respuesta honesta. La Luna llena suele afinar relaciones y estado de ánimo porque muestra dos lados de un mismo tema. Su tarea no es romper, sino revelar el equilibrio.
