Lilith en la Casa 1 trae a la superficie cuerpo, rostro, deseo, enojo, vergüenza y magnetismo personal. Una persona nota con más fuerza cómo la miran los demás y puede empezar a usar la imagen de forma consciente o provocadora. Apariencia y conducta se vuelven un campo cargado.
El período puede dar valentía para ser uno mismo, dejar de esconder sexualidad, rareza, audacia e independencia. Pero junto a eso aparece la distorsión: dependencia de reacciones ajenas, jugar a ser peligroso, desaparición demostrativa, dureza por efecto y tentación de asustar o atraer para luego negar la propia participación. Impulsos ligados a ropa, gestos, caminar, tono y modo de ocupar espacio entre otros se vuelven especialmente visibles.
