La conjunción de Lilith y el Ascendente vuelve visible desde la primera impresión la parte prohibida, reprimida y magnética de la personalidad. La persona puede parecer atractiva, peligrosa, provocadora, extraña o demasiado intensa para un contacto común. Hay una fuerza en ella que puede despertar interés, deseo de acercarse, miedo, envidia o juicio.
El aspecto fortalece el carisma corporal, el instinto, la sexualidad y la capacidad de ver los puntos débiles de otras personas. Al mismo tiempo, puede traer vergüenza alrededor de los propios deseos, defensas agudas, tendencia a interpretar el papel de "la persona mala", tentar a otros, poner a prueba límites y provocar reacciones en la gente. El nativo puede identificarse con su lado oscuro o, por el contrario, negarlo con dureza. Cuanto más cerrado es el aspecto, con más fuerza afecta el cuerpo, la mirada, el tono y la primera impresión.

